La caja de música


Una abogado debe defender a su admirado padre de la acusación de criminal de guerra nazi.

akas: Music Box
1989, USA, 110 min.
Director: Costa-Gavras Guión: Joe Eszterhas Fotografía: Patrick Blossier Música: Philippe Sarde Intérpretes: Jessica Lange , Armin Mueller-stahl, Frederic Forrest Fecha de estreno: 16 de marzo de 1990


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Un comentario el “La caja de música

  1. La memoria histórica en su verdadera acepción (encontrar y juzgar a los culpables, desenterrar del olvido a las víctimas), en todo su sentido. De eso trata este impecable trabajo del prestigioso cineasta.

    Tercer trabajo de Costa-Gavras en suelo estadounidense, tras un film de similar magnitud (“Desaparecido”) y un intento fallido de profundizar en la América profunda (“El sendero de la traición”), la película juega varias bazas: el drama familiar, el cine judicial, la pátina histórica, la búsqueda de la verdad, el sentido de justicia, la presión mediática, el papel que juega la política, el cine de espionaje, etc.
    Como ocurre en la realidad, la verdad va resultando cambiante en función de los acontecimientos, los medios de comunicación imponen primero un único punto de vista para ir oscilando luego, y sólo al final se desvela todo.

    Modélica toda la parte del juicio (las declaraciones de los testigos y la forma en que están rodadas evitan sensacionalismo, subrayados o “pornografía sentimental”), así como el resto de la cinta (la relación padre-hija, el enfrentamiento abogada defensora-fiscal dentro y fuera del tribunal, la visita a Budapest, las dudas que abogada-hija y espectador vamos entretejiendo, etc), estamos ante una obra lúcida, densa y de amplio calado, que se sitúa en una línea que sublima las características del cine anterior de Gavras (sus célebres cintas políticas y de denuncia desde “Z” hasta “Sección especial”), y que junto a la citada “Desaparecido”, inaugura la madurez creadora del director (menos ideología combativa, misma intención de profundizar en el tema a tratar hasta sus últimas consecuencias).

    Excelente desde cualquier punto de vista (el de cine comercial, el de cine de autor), el afán de perfeccionismo típico del director contagia la calidad de la interpretación global (grandes secundarios como Mueller-Stahl, Moffatt o el hoy olvidado por el gran público, Frederic Forrest, brillan a gran altura), y evita hacer caer todo el peso de la película sobre la actriz protagonista (una Jessica Lange que da tantos matices a su personaje que éste se distancia ampliamente del mero estereotipo), un error muy común en el cine norteamericano afín al género.

    Sin duda, la última gran incursión del Hollywood de los años 80 en el cine comprometido (recuerdo al Roland Joffé de “Los gritos del silencio”, al Peter Weir de “El año que vivimos peligrosamente”, al Sidney Lumet de “Daniel”, al Oliver Stone de “Salvador”), y uno de esos clásicos modernos que no envejecen por la solidez y maestría de su propuesta, sentido, acabado.

    Hay ocasiones en que una película se convierte en toda una lección de cine. Ésta es una de ellas.

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