La hija de D´Artagnan


Francia, 1654. En el convento donde la confinó su ilustre padre, Eloise ve cómo asesinan a la madre superiora por intentar defender a un esclavo fugado de las garras del malvado Duc de Crassac y su musa La Dama de Rojo. Siendo digna hija de su padre, la ira de Elise, que sospecha que el asesino es parte de un complot contra el futuro Rey Lois. Resuelta a vengar la muerte de su madre adoptiva, la valiente joven parte hacia París.

akas: La Fille De D’artagnan
1994, Francia, 125 min.
Director: Bertrand Tavernier Guión: Jean Cosmos, Michel Léviant Fotografía: Patrick Blossier Música: Philippe Sarde Intérpretes: Philippe Noiret, Sophie Marceau, Nils Tavernier, Jean Luc Bideau, Raoul Billerey, Sami Frey Fecha de estreno: 28 de abril de 1995


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Un comentario el “La hija de D´Artagnan

  1. En este blog tan proclive a lo nostálgico-sentimental el querido cinestudio “Griffith” ya ha tenido el protagonismo que, sin duda, le corresponde en mi acervo cinéfilo-afectivo, como no podía ser menos y así certifiqué con su oportuno post. Pero entre las películas disfrutadas que en el mismo mencioné no figuraban las primeras de la amplia y brillante filmografía del amigo Tavernier, sin duda uno de los grandes cineastas europeos, que tuve el placer de ver por primera vez allí: El relojero de Saint Paul (1974), Que la fiesta comience (1975) y El juez y el asesino (1976), con esos monstruos franceses de la interpretación, en las dos primeras, como Jean Rochefort y el ya fallecido (en 2006) el siempre añorado Philippe Noiret, entrañable D’Artagnan en esta magnífica parodia híbrida de filme de género histórico y de aventuras, por una parte, y de auténtica charada desopilante, por la otra.

    Es claro que Tarvenier se encuentra cómodo en esta revisitación del barroco siglo XVII, la época de la gran crisis europea (La Guerra de los Treinta Años) y las rebeliones modernas (John H. Elliott dixit) con permanentes luchas hegemónicas, banderías y rondas nobiliarias conspiratorias, dominio de validos (en España el Duque de Lerma, primero, y el Conde-Duque de Olivares, después) y la irresistible ascensión como potencia en Europa de la Francia de los cardenales Richelieu y Mazarino que tanto harían por prepararle el futuro esplendor al “Rey Sol”, Luis XIV (“El estado soy yo”).

    La atmósfera, el ambiente, están perfectamente conseguidos y la recreación de la época, el vestuario, la música (Philippe Sarde), el marco palacial y arquitectónico tanto rural como urbano son deslumbrantes. Con una luz matizada, granulosa, cenicienta de un relieve cromático que es toda una belleza, sobre todo en las escenas nocturnas soberbiamente iluminadas (Patrick Blossier es el director de fotografía) o en las rodadas en la campiña, con nieblinas que ciernen de densa bruma el follaje del bosque, las estupendas cabalgadas por las praderas o los duelos y lides de los espadachines en diversos escenarios callejeros, palaciegos o fluviales.

    El elenco de actores es magnífico con el conocido trío de mosqueteros (Athos, Porthos y Aramis) interpretados con gracia, desparpajo y ágiles composiciones a pesar de los ya un tanto quejumbrosos y artríticos personajes inmersos, sin duda, en una avanzada madurez, aunque no por ello menos dorada en lo relativo a placeres, ambiciones y honores o en su esgrima magistral. Entre ellos sobresale, en especial, Sami Frey como Aramis, uno de los miembros de aquel inolvidable trío de jóvenes de la maravillosa Banda aparte (1964), de Godard. O Claude Rich, como el tragicómico Duque de Crassac, máximo facedor de tuertos de la trama conspiratoria (y posterior desalmado militar aristócrata en la sublime Capitán Conan, de 1996).

    Y qué decir del ya citado Noiret como D’Artagnan o, tal vez, cabría matizar mejor, como el padre de Eloise, esa singular y sin par “mosquetera” que acapara el título del filme para sí, llena de entusiasmo, coraje y rebeldía (una excelente y preciosa Sophie Marceau); pues que, de nuevo, nos encontramos con otro recital del inmenso actor francés al que tantos excelentes momentos de cine debemos los cinéfilos: aparte de las ya citadas (y sin, como tantas veces se reitera, ánimo de ser exhaustivo), recomendaré con fervor este póquer de obras maestras: Coup de tourchon (o 1280 almas) (1981), La vida y nada más (1989), ambas del mismo Tavernier; Masques (1987), de Claude Chabrol o la poco conocida en España pero otra charada maravillosa, Les côtelettes (2003), de Bertrand Blier.

    En definitiva, y discrepando de la relativa minusvaloración crítica de este filme, no se pierdan una de las obras más deliciosas y jacarandosas de uno de los mejores cineastas franceses de todos los tiempos: nuestro admirado Bertrand Tavernier (Hoy comienza todo, Salvoconducto).

    NB: la película está co-editada en dvd en España por Filmax y Divisa con su formato panorámico original respetado, tanto doblada como en versión original francesa con subtítulos en español y con una soberbia calidad de imagen.

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