La chica de la fábrica de cerillas


Iris es una joven solitaria que tiene un trabajo sin porvenir en una fábrica de cerillas realizando una tarea rutinaria de ir controlando el perfecto etiquetado de las cajas. Cuando llega a casa debe soportar a su perverso padrastro y la falta de cariño de su arisca madre a los que ella mantiene. Por las noches se desahoga saliendo a bailar en su intento por divertirse y encontrar pareja. Pero no tiene mucha suerte.

akas: Tulitikkutehtaan tyttö, La fille aux allumettes
1990, Finlandia, Suecia, 68 min.
Director: Aki Kaurismäki Guión: Aki Kaurismäki Fotografía: Timo Salminen Intérpretes: Kati Outinen, Elina Salo, Esko Nikkari, Vesa Vierikko, Reijo Taipale, Silu Seppälä, Outi Mäenpää Fecha de estreno: 11 de Diciembre de 1990.

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Un comentario el “La chica de la fábrica de cerillas

  1. Recuerdo la frase como si la estuviera oyendo ahora mismo: “Brutis a mí, no”, solía decir mi tía Maribel cuando su sobrino Marianito le andaba cerca. Y es que las posibilidades de perpetrar alguna hazaña gamberra si yo acechaba alrededor eran, ya lo creo, altamente fructíferas en forma, v.gr.: de una impoluta chaqueta de camarero (la del tío Joaquín) decididamente echada a perder por algún que otro lamparón de tinta dejada caer un poco al socaire golferil. Y, claro, la abuela se cebaba con la más adulta de los protagonistas del incidente. ¡Ah, la tía Maribel, con su nariz respingona, su cara pecosa y su mirada tan cómplice a pesar del incremento de castigos e, incluso, de tortas recibidas sin comerlo ni beberlo, bien es verdad!.´

    Qué parecido le encuentro yo ahora a la pariente con la estupenda Kati Outinen, la actriz finlandesa predilecta de Aki Kaurismäki, de la que ya he escrito algún que otro merecidísimo elogio a la hora de hablar de esa maravilla humanista y conmovedora hasta las cachas que es “El Havre” (2011); y que aquí vuelve a donar un recital de saber interpretativo. Qué excelentes actores siempre los de Kaurismäki, sin duda un magnífico director de sus acrisolados histriones. Sobre todo, teniendo en cuenta que sus rostros suelen sostener en gran medida su caligrafía fílmica con primeros planos recurrentes y una muy escasa presencia dialogística. En el caso de esta soberbia película yo diría que los diálogos escritos apenas rellenarían media cuartilla. Sin exageraciones, casi un filme mudo.

    Pero a un buen conocedor de la filmografía del director finlandés no le tiene que sorprender esta relativa caquexia habladora, esta ausencia de palique entre sus personajes. Ya su presencia ante la cámara resulta suficientemente eficaz por sí misma como para requerir la habitual recreación dramatizada de los conflictos, desapegos y frustraciones humanos en directores de otras latitudes menos septentrionales. No se trata, ciertamente, de mi amado cine francés tan dependiente siempre de la plática, de la charlatanería, de la esgrima dialéctica. Con Kaurismäki, por el contrario, la intercomunicación fundamental la hallamos en los “juke-box”, aquellos adminículos musicales de los bares en los que los parroquianos seleccionaban sus melodías favoritas echando una moneda en la ranura (aunque no fueran los diez centavos del gusto del Cuarteto Cedrón en su inolvidable canción), los tocadiscos caseros ad hoc y siempre a punto o en las orquestas con cantante melódico y atenorado que incitan convincentemente a mover el esqueleto y romper la gelidez ambiental.

    Pocas palabras, aun menos gestos y caricias amorosos, escasa empatía humana y mucha sordidez ambiental y soledad patológica en esta devastadora película que tanto denuncia la necesidad de salir de un permanente, estructural, exilio interior. Y todo ello con una cámara que seduce al espectador con una esplendente fotografía. Es curiosa la maestría iluminadora de imágenes tan pulcras, límpidas y transparentes en brutal contraste con la pobretería grisú de texto y contexto ambiental. Todas las escenas exteriores, aparte de esa rutilante luz tan protagónica, recalcan siempre la profunda soledad de los personajes, su incomunicación radical, su craso, grueso y gordo pescuezo de indefectible egoísmo existencial. Y sin embargo, es sorprendente cómo el amigo Kaurismäki consigue emocionarnos con esta sórdida historia de una liberación personal, compatibilizando magistralmente la denuncia de una miseria afectiva familiar, metáfora de la explotación de una maquinaria social más amplia y de mayores efectos deletéreos sobre el individuo, con una apuesta decidida por la rebelión del mismo con todas sus consecuencias.

    No por capricho arbitrario, más o menos excéntrico, del director de la soberbia “Un hombre sin pasado” (2002), contemplamos en los primeros minutos del filme la eficacia maquinal, el rigor de las poleas, el ritmo manchesteriano-industrial de émbolos y pistones o el corte ajustado de las cuchillas en la transformación sorprendente y admirable, en verdad, de los troncos de madera en cajas de fósforos perfectamente empaquetadas y con la etiqueta bien adherida gracias al toque obrero final de la chica explotada, inmisericordemente (y no solo en ella) de la fábrica de cerillas. No se la pierdan.

    NB: La película está editada en dvd en España por nuestra vieja conocida distribuidora Cameo, dentro de un pack sobre el director finlandés que incluye también los excelentes filmes: “Sombras en el paraíso” (1986) y “Ariel” (1988).

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