El gran carnaval


Charles Tatum, un periodista sin escrúpulos que atraviesa una mala racha, en complicidad con el sheriff de un pequeño pueblo de Nuevo México en cuyo diario ahora trabaja, aprovecha el accidente de un hombre en una mina, para inflar la noticia de forma sensacionalista en beneficio propio. Tatum está dispuesto a sacar el máximo partido del suceso, que alcanza una gran repercusión en los medios de todo el país. Tatum se traslada al lugar en el que un hombre indio, Leo Spinosa, ha quedado atrapado en una excavación sin poder salir y logra atraer así toda la atención del país sobre el dramático hecho con la intención de hacer un buen negocio y de paso vengarse por haber sido despedido de un prestigioso periódico neoyorquino. Consigue que el sheriff adopte el modo más lento para la salvación del minero, para dar espectacularidad al suceso y escribir cada día su capítulo sobre los hechos, alargando su agonía.

akas: The Big Carnival, Le gouffre aux chimères, Bittere Lauweren, Ace in the hole
1951, USA, 106 min.
Director: Billy Wilder Guión: Walter Newman, Lesser Samuels Fotografía: Charles Lang Música: Hugo Friedhofer Intérpretes: Kirk Douglas, Jan Sterling, Robert Arthur, Porter Hall, Frank Cady, Richard Benedict, Ray Teal, Frank Jaquet


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Un comentario el “El gran carnaval

  1. Bueno, uno no domina el inglés lo suficiente como para tener claro el significado de frases o expresiones singulares. Hay que acudir a los diccionarios, en especial, a los online que tan útiles son en la red y que han jubilado rápidamente a los que se tienen en casa con su aspecto ajado y ya muy fatigado los pobres. Es justo el caso de este formidable “Ace in the Hole” de Wilder, uno de los más desconocidos de su rutilante filmografía, entre otras cosas porque, según su director (y también productor), fue un fracaso de taquilla en la época de su estreno, a primeros de los 50. Tal vez tuviera mucho que ver en el mismo esa carta escondida, ese as en la manga que da título original en inglés a la película, y que no otra cosa implica que una ácida, corrosiva y tremebunda crítica a los medios periodísticos que tan bien conocía el cineasta por haber trabajado en ellos (crónica deportiva, de sucesos y crítica de cine en su juventud vienesa en los años 1924 y 1925, y poco después ya en Berlín), a la par que una devastadora denuncia, ojo, sin la ironía humorística marca de la casa que tanto suele humanizar sus historias, del infantilismo del público estadounidense siempre seducido por el feroz gatuperio de los espectáculos de masas y al que, tal vez, le horrorizó verse reflejado con tanta verdad en la pantalla. Lo cual explicaría probablemente el mencionado fracaso comercial. En todo caso, el gran Woody Allen le comentaría a Hellmuth Karasek, coautor con Wilder del formidable libro: “Nadie es perfecto” (Mondadori, 1993), que “era una película fantástica y era una vergüenza que la película sea prácticamente desconocida en Estados Unidos” (pp. 328-9).

    Yo recordaba muy gratamente, a pesar de los muchos años transcurridos y de haberlo visto doblado en televisión, este soberbio drama interpretado por un magistral Kirk Douglas, como el reportero neoyorquino caído en desgracia que, debido a su conducta indómita, cierto alcoholismo y su desaforada ambición, se ve obligado a trabajar en un periódico marginal de Albuquerque, una pequeña localidad de Nuevo México, a la espera de explotar una posible noticia que le redima y devuelva a su mesa de redacción en New York con todo el prestigio recuperado. La energía desatada que alberga y el rictus exasperado de su rostro avizor parecen lanzarle al espectador un inequívoco mensaje: está dispuesto a todo por retornar a la cima mediática.

    Y para ello se servirá de todos los trucos, estratagemas y añagazas del veterano periodista aunque, finalmente, los mismos acaben por hacerle ver lo realmente miserable que es, al estar sólo interesado en salvar la vida de un hotelero buscador de tesoros (amuletos, armas, cerámicas y útiles de ajuar doméstico), atrapado en una necrópolis india por un desprendimiento de rocas, en la medida en que el prolongado rescate, trocado en espectáculo cruel, contribuya a excitar al lector, incrementar la tirada del periódico local, atraer a las masas (y con ellas a los colegas del oficio) y volverle a poner definitivamente en órbita.

    Con estos mimbres narrativos, el director de “El apartamento” teje una trama agobiante hasta la asfixia que, con un febril ritmo de acontecimientos, busca epatar forzosamente al espectador acomodaticio mediante un proceso de forzosa empatía que no le ahorra ninguna angustia ni malestar. La maravillosa fotografía en blanco y negro granuloso de Charles Lang contribuye a darle un aspecto aún más sombrío y amenazador a ese paisaje desértico sobre el que se recorta la gran montaña tumbal de las tribus indias. Los oportunos matices expresionistas sobre una atmósfera cargada de agitación manicomial, con los frenéticos automovilistas y curiosos a pie moviéndose como insectos por el escenario carnavalesco, el constante y horrísono barrenar de la expedición minera de rescate y, en fin, la propaganda dolosa y mendaz del sheriff corrupto en sempiterna campaña electoral reúnen todos los ingredientes para impactar y sobrecoger, entre atónito e irritado, al espectador de este demoledor y admirable drama del maestro Wilder.

    No quisiera terminar sin hacer una mención, aunque breve, a dos estupendas actrices: una, Jan Sterling (Con sus mismas armas, Más dura será la caída), la esposa del hombre atrapado, atractiva, sensual, provocadora y un tanto casquivana (que diría Gabino Quintanilla, el inolvidable José Luis López Vázquez del “Plácido” de Berlanga); y la otra, Edith Evanson, una modesta actriz de reparto de las que no suelen mencionarse en los “créditos”, como la periodista especializada en gastronomía y crónica social del periódico local que da cobertura de la tragedia y que, dos años más tarde, sería una confidente entrañable del detective Dave Bannion (Glenn Ford) en esa absoluta obra maestra que es “Los sobornados” (Fritz Lang, 1953).

    NB: la película está disponible en dvd en nuestro país, editada por la distribuidora de la Paramount con una magnífica copia en versión original (doblada también, cómo no) y subtitulada en castellano.

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