Al borde del peligro


Durante una investigación, el violento policía Mark Dixon mata involuntariamente a un hombre inocente y oculta su muerte. Tras ser asignado al caso, Dixon tendrá que replantearse su posición ante los trágicos hechos.

akas: Where The Sidewalk Ends, Cuando termina el camino
1950, USA, 95 min.
Director: Otto Preminger Guión: Ben Hecht Fotografía: Joseph Lashelle Música: Cyril J. Mockridge Intérpretes: Dana Andrews, Gene Tierney, Gary Merrill, Bert Freed, Tom Tully, Karl Malden, Ruth Donnelly, Craig Stevens, Don Appell, Neville Brand, Barry Brooks, Oleg Cassini, John Close, Anthony George


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Un comentario el “Al borde del peligro

  1. Apenas mencionada en las enciclopedias de cine, el film sería la Obra Maestra en la filmografía de cualquier director mediocre o de segunda fila. En la de Preminger, es otra de sus buenas películas, sin más (lo que supone un grave error).

    Especialmente recomendada a todo aquél que disfruta con el cine negro clásico, pero que se ve incapaz de abordar el género por su cuenta (hay muchísimos directores, actores, títulos, décadas, para saber escoger los mejores o simplemente ir probando con cada película que uno se va encontrando), la cinta constituye una de las cimas del género en una de las décadas de su máximo apogeo (finales de los años 40-primeros 50).

    Impecable a nivel de guión (al verla, a cada momento nos tememos giros, tópicos, estereotipos, que afortunadamente no se dan nunca), con una exquisita y sensible dirección (la atmósfera es embriagadora y fascinante, la dosificación de elementos y giros magistral, las interpretaciones de su pareja protagonista rozan el virtuosismo), la película desmiente la primera impresión de raíz (los primeros diez minutos pueden hacernos creer que se trata de una típica obra de género, sin mayor relieve o personalidad), y es de esas pocas obras que conectan con la sensibilidad, la empatía del público (se profundiza al máximo en las características del relato, la historia y los personajes van por donde deben ir, el espíritu de la narración no se deja traicionar por buscar más espectacularidad o efectismo, los personajes están vivos y son capaces de hacer-generar introspección).

    En un contexto donde abundan los grandes clásicos del cine ´noir´ puro (son los años de “Callejón sin salida”, “Encrucijada de odios”, “El beso de la muerte”, “Una vida marcada”, “Cayo Largo”, “Muro de tinieblas”, “Al rojo vivo”, “El abrazo de la muerte”, “La jungla de asfalto”, “Noche en la ciudad”) o disfrazados de western (“Cielo amarillo”), suspense (“El tercer hombre”, “Extraños en un tren”), documental-reportaje (“La ciudad desnuda”, “Yo creo en tí”) o melodrama (“Cautivos del mal”, “En un lugar solitario”, “Moonrise”, “Voces de muerte”, “House by the river”), la obra sobresale (en su momento, vista hoy), incluso dentro de los parámetros de cine negro que practicó su autor (“Laura”, “Ángel o diablo”).

    Film que sublima las constantes del género, que hace de la sencillez su mejor arma para penetrar en profundidad en la complejidad emocional, psicológica, social y humana de sus personajes, que no esconde su trasfondo político (“La caza de brujas”), tiene una pátina de belleza (la belleza del desarraigo, la poesía del perdedor, la conciencia del culpable), y un aroma que la convierten en punto álgido del mejor cine de su tiempo (la vehemencia de un discurso no hace mella en ella, sólo se deja arrastrar por el razonamiento, la reflexión y la búsqueda de la verdad bajo la superfície), aparte de saber aprovechar todas sus posibilidades.

    Buenos secundarios en su reparto (el siempre intachable Karl Malden, el siempre desaprovechado Garry Merrill, el sólido y luego meramente televisivo Craig Stevens, Neville Brand, Donnelly), y tercer encuentro de la pareja protagonista con Preminger, quizá una de las razones por la que el film fue arrinconado en su estreno (“Laura” fue un clásico casi instantáneo, “Ángel o diablo” no fue tan cuestionada).

    Inmerecidamente considerada durante décadas como obra menor y simplemente apreciable (creo que la crítica mantiene esta opinión a día de hoy), la cinta es depurada, estilizada, incisiva, elegante, ejemplar, sugestiva, amplia y trascendente desde cualquier punto de vista.

    Una de las mejores obras de su autor, aquí en estado de gracia, para un trabajo que no queda tan lejos de la imperecedera “Laura” como se podría pensar. Inolvidable en todos sus aspectos, resulta imprescindible para mitómanos (Gene Tierney está mejor que nunca en su personaje frágil-vulnerable-desesperado-fuerte, además de en la cumbre de su belleza, Dana Andrews está soberbio), y merece ser vista-redescubierta con verdadera atención.

    Realmente magnífica.

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