Malditos vecinos


Una pareja con un recién nacido cambia de vecindario, sin saber que allí encontrarían a unos adolescentes estudiantes descontrolados viviendo en la casa de al lado.

akas: Neighbors, Sasiedzi, Bad neighbours, Buenos vecinos, Vizinhos
2014, USA
Director: Nicholas Stoller Guión: Andrew J. Cohen, Brendan O’Brien Fotografía: Brandon Trost Música: Michael Andrews Intérpretes: Zac Efron, Rose Byrne, Dave Franco, Seth Rogen, Christopher Mintz-Plasse, Jake Johnson, Lisa Kudrow Fecha de estreno: 9 de mayo de 2014


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Un comentario el “Malditos vecinos

  1. Madurez, conflictos vecinales, paternidades primerizas y fiestas estudiantiles (en toda su vigorosa extensión, desde los pre-universitarios ávidos de tener sexo de American Pie a los desfases de fraternidades de Desmadre a la americana). Son los grandes temas sobre los que ha girado la comedia norteamericana a lo largo de las tres últimas décadas, o quizá en cierta forma todos alrededor del primero de un modo u otro porque todo trata sobre la (in)madurez (cada vez más evidente, nos recuerda Apatow), y sobre ellos, siempre un poder mayor, como un Dios todepoderoso que rige todas y una de las comedias: SEXO. Es la columna vertebral de la comedia adulta, lo es desde los National Lampoon a Judd Apatow, un sendero que no se ha sabido andar de otra forma durante más de tres décadas y su fórmula no parece nunca caducarse. Y funciona, funciona bien, sigue siendo divertida, mientras se haga bien, nos proporciona un divertimento a causa de temas tan cercanos y universales que es imposible que se olvide. Así que en cierto modo podríamos hablar de Malditos vecinos como una tesis completa de lo que ha sido la comedia americana durante estas últimas cuatro décadas, porque la comedia de Nicholas Stoller lidia con la complicada tarea de tratar de sintetizar todos estos temas constantes en una única película, y lo hace con notables resultados.

    Malditos vecinos nos cuenta la historia de un matrimonio (interpretado por Seth Rogen y Rose Byrne) que acaban de ser padres de una niña y han decidido mudarse a un nuevo vecindario. Mientras que tratan de orientar su vida por un nuevo camino más adulto, la situación se torcerá cuando una hermandad universitaria compre la casa de al lado. Aunque en un principio la pareja tratará de tener una relación cordial con sus nuevos vecinos, pronto verán como las continuas fiestas desmedidas, no les darán más opción que iniciar una guerra desmedida contra este grupo de chavales y conseguir la forma de librarse de ellos.

    Madurez, es la palabra con la que iniciaba este texto, y a la que hacía continua referencia, junto al sexo, en el primer párrafo. Es posiblemente el tema más universal de la comedia yanqui en los últimos años, potenciado especialmente por la factoría Apatow. El cine anunciaba mucho antes de que sucediera que se avecinaba una generación entera de “peterpans”, desde Big hasta Algo pasa con Mary se avecinaban como un augurio de toda esa gente que no sabe crecer. Pero fueron películas como Virgen a los cuarenta o Lío embarazoso las que evidenciaron el problema cuando era palpable. Adolescentes de más de treintaytantos, que empezaban a vivir sin saber muy bien cómo deben hacerlo, enfrentándose a responsabilidades para las que no están preparados de ninguna forma. Gente que reniega a crecer, atascada en un mundo que no es para ellos. Y es el tema que recoge principalmente Malditos vecinos, una vez más, lo hace en una interesante autopista de dos sentidos. Mientras que los miembros de esa fraternidad, especialmente su presidente, al que da vida Zac Efron parecen completamente asustados de salir al mundo real, sus vecinos se encuentran viviendo una vida para la que aún no están preparados, tratando de escapar en medida de lo posible de las responsabilidades que ocasiona ser padre. La colisión de estas dos vías serán las que den pie a una guerra entre ambos vecinos que resultará completamente desternillante.

    Malditos vecinos es una comedia de naturaleza puramente alocada, bestia y picante que funciona de manera precisa. Pese a la sobrecarga de temas que trata (que no así de líneas argumentales, siempre por un único sendero firme y seguro), jamás se siente abrumada por ello, sabe medirlos para darles a todo su tiempo correspondiente, jamás pierde el timing, cada chiste tiene su momento, ninguno se alarga, ni se solapa con el siguiente, todo está milimétricamente estudiado. Y lo mejor de todo es que la mayoría de los chistes son realmente buenos, especialmente cuando se escapan de lo grotesco y lo escatológico, algo que tampoco abruma, y se ahonda en lo metarreferencial, como ese desternillante momento en el que se juntan un amplio grupo de Roberts de Niro, posiblemente el chiste más inspirado y divertido de la película. Y dentro de su humor hay algo que funciona a la perfección son la dupla del siempre divertido Seth Rogen y un Zac Efron con una sorpresiva vis cómica excelente, los ejes sobre los que se focaliza toda la batalla vecinal. Ellos no sólo se entienden a la perfección y muestran un química estupenda, son las elecciones perfectas tanto para el: “lo que no quiero acabar siendo” de Efron hacia a Roger y el: “lo que quisiera ser” de Rogen hacia Efron. Además, los dos están acompañados por unos acertados Dave Franco y Rose Byrne, que consiguen dar consistencia a todo su reparto.

    No, Malditos vecinos no es nada nuevo, ni pretende serlo, casi podríamos decir que es todo lo contrario, es lo de siempre, elevado a la enésima potencia. Es la absoluta síntesis de lo que ha sido la comedia americana durante las últimas décadas, el reflejo de esas pequeñas cosas que conviven, conoce y hasta asustan a cualquier ser humano alrededor de todo el mundo. Y funciona a la perfección en lo que quiere ser, el lugar donde todas las comedias convergen, donde todas acaban, porque posiblemente todas las grandes comedias americanas de los últimos 30 años acaben de una forma u otra en esta descacharrante película, que se póstula fuertemente como la comedia más divertida que veremos este verano. Y lo mejor de todo, es que sólo dura 90 minutos, la duración que cualquier comedia debería tener (y si no, pregúntenle al Sr. Allen) para aguantar a la perfección su ritmo, algo que la escuela Apatow parecía haber olvidado por completo.

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