Transcendence


El Dr. Will Caster (Johnny Depp) es el investigador más importante en el campo de la Inteligencia Artificial, trabajando en la creación de una máquina sensitiva que combine la inteligencia colectiva de todo lo conocido con el rango completo de emociones humanas. Sus experimentos altamente controvertidos le han hecho famoso, pero al mismo tiempo le han convertido en el principal objetivo de extremistas anti-tecnológicos que, en su intento de destruir a Will, se convertirán inadvertidamente en los catalizadores de su éxito haciéndole partícipe de su propia trascendencia. Para su mujer Evelyn (Rebecca Hall) y su mejor amigo Max Waters (Paul Bettany), ambos compañeros de investigación, la cuestión no es si pueden hacerlo… sino si deben hacerlo.

akas: Trascender
2014, USA, GB, 119 min.
Director: Wally Pfister Guión: Jack Paglen Fotografía: Jess Hall Música: Mychael Danna Intérpretes: Kate Mara, Johnny Depp, Morgan Freeman, Rebecca Hall, Cillian Murphy, Paul Bettany, Cole Hauser, Clifton Collins Jr. Fecha de estreno: 19 de junio de 2014


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Un comentario el “Transcendence

  1. Wally Pfister se ha labrado su carrera como director de fotografía de Christopher Nolan, ha crecido con él, juntos han colaborado desde que Nolan dirigió Memento, y demostró que ante todo era un cinematógrafo con ideas muy claras. Si hay algo que no se puede discutir nada en el cine de Nolan es la composición de sus ideas, y Pfister dio pie a verdaderas maravillas visuales como la de Origen por la que llegó a ganar el Oscar. Ahora, Pfister ha decidido volar en solitario, ha dejado a Nolan en la cuneta con Interstellar (no en vano, éste ha sabido a quién elegir para este cometido en su nueva película, y se hará cargo Hoyte Van Hoytema que en su filmografía cuenta con películas tan bellamente fotografiadas como Her, El topo o Déjame entrar) y ha probado suerte detrás de las cámaras. Había verdadera curiosidad por saber cómo se desenvolvía un tipo con el talento de Pfister detrás de las cámaras, con una película cuya premisa recordaba levemente a aquello que planteaba Nolan en Origen sobre los peligros de los avances tecnológicos y la implicación humana en estos mismos. Pero lo cierto es que viendo Transcendence lo último que puede pensar uno es que este tipo haya aprendido a hacer cine con Nolan, lo último que puede pensar uno es, directamente, que este tipo haya entendido lo que es hacer cine.

    El punto de partida del guión que plantea el novato Jack Paglen es bastante atractivo, en un futuro cercano, la tecnología está cerca de crear máquinas con consciencia humana, el doctor Will Turner, al que da vida Johnny Depp, es el científico que está a punto de lograr dar este paso. Pero un grupo de terroristas neo-tecnófobos (este adjetivo no es invención mía) dispararán al doctor con una bala radioactiva. Algo que le dejará poco tiempo de vida. En este tiempo, el Doctor tratará de acabar su proyecto, trasladando su consciencia a un ordenador y finalizando por fin su gran proyecto.

    Bien, hasta ahí, el planteamiento, dejando de lado todas las inconsistencias de un guión bastante flojo, repleto de tópicos y lugares comunes incapaces de sorprender, consigue, pese a todo, plantear un dilema de lo más interesante sobre el trato del hombre con la tecnología. Un debate tan interesante, que si consiguiera estar planteado de manera mucho más inteligente, haría mucho más sencillo perdonar todos los fallos de la película. Pero lo que empieza a partir de ese momento, es, simple y llanamente un chiste. El buen doctor entra en Internet y se da cuenta que empieza a tener el poder completo para realizar todo lo que está en su mano, poco a poco se va convirtiendo en un verdadero Dios. Llegamos a un momento, al que sin saber demasiado bien como, esta deidad no sólo se ha convertido en un completo poder supremo, sino que es capaz de hacer verdaderos milagros basados en la tecnología.

    Uno ve a Johnny Depp devolver la vista a un ciego, y no puede dejar de pensar: “Vale, esto no puede ser ya más evidente”. Y la película no se corta en andar por el camino de lo más bochornoso, una completa legión de súbditos que parecen salidos de El pueblo de los malditos, le seguirán ciegamente, de manera sectaria a ese hombre que predica la palabra por Internet, mientras que los pocos que aún no se han conseguido acercar a él, tratan de derribarle a toda costa. La presencia de una teoría abominable sobre un poder teo-tecnológico está siempre presente en la película, y bueno, puede que Internet sea el mal, pero no es un juego limpio cuando la representación de Internet es Johnny Depp, sí, así es fácil pensar que Internet es el mal y el culpable de todos los problemas derivados de la contaminación (por supuesto, sí, también hay sitio para el mensaje pro-ecológico).

    Pero hay mucho más criticable en la película de Wally Pfister más allá de esta ridícula propuesta, que recuerda en muchos puntos al Her de Spike Jonze, pero que está tratado desde una perspectiva no sólo radicalmente diferente, sino también con mucho menos tacto. Al fin y al cabo en ambas películas la tecnología se presenta como una deidad omnipresente que acompañan siempre a su partenaire, aunque en una, esta presencia adictiva, resulte casi siempre positiva, rellenando la necesidad de compañía del ser humano, y en esta otra, todo adquiera un cariz sectario y terrorífico sobre las maldades que Internet es capaz de hacer. Por supuesto, no hay nada tampoco en la narración de Pfister que se asemeje a la sensibilidad con la que Jonze contaba todo. Transcendence es una película carente de ritmo, que se encuentra absolutamente perdida durante la mayoría de su metraje, cayendo una y otra vez en lo monótono y reiterativo. Si lo que nos cuenta nos parece realmente tonto, la forma de contarlo nos aburre, no hay nada que por un momento nos despierte una pizca de interés sobre ella.

    La sensación una vez que ha terminado la proyección de Transcendence no difiere demasiado de las que uno siente cuando termina el visionado de películas como After earth, y es que, al fin y al cabo, ambas se dan la mano. Sí, estamos ante una de las peores películas de este año, ni un casting repleto de estrellas, en el que todos parecen estar por estar, en especial un Johnny Depp cuya actuación no sabemos muy bien donde englobarla, pues el actor nos tiene acostumbrado a los mayores histrionismos, y aquí en cambio, se tira toda la película con un rostro de mustio que recuerda mucho al de Jaden Smith en la citada After Earth, sirven como valor para ver una película que es sencillamente una película horrorosa. Y es que ni siquiera en el apartado artístico la película parece destacar, y es que el propio Pfister se aleja de lo que más sabe hacer, delegando sus funciones y dando a la película un tono mucho más plano e impersonal, lejano al que había tenido en sus películas con Nolan. Una realización sin fuerza, ni estilo, ni en lo artístico, ni en lo cinematográfico, una película que sencillamente es de lo más olvidable.

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